Chile es un territorio diseñado por la naturaleza para el senderismo, pero también es un escenario de climas cambiantes. Quienes recorren los senderos del país saben que, en una misma salida, es posible vivir las cuatro estaciones en un solo día: desde el frío húmedo del amanecer en un valle encajonado, pasando por el calor intenso durante un ascenso técnico bajo el sol, hasta enfrentar ráfagas de viento helado al llegar a una cumbre expuesta. La geografía de las montañas y bosques crea microclimas que exigen una adaptabilidad total por parte del aventurero.
En este contexto, la improvisación no es una opción. En Columbia se entiende que la clave para disfrutar al máximo de la experiencia outdoor no es luchar contra los elementos, sino fluir con ellos. Por eso, el objetivo es enseñar a dominar el arte de vestirse por capas. Esta no es solo una forma de combinar prendas, es una estrategia técnica de termorregulación que mantendrá al senderista seco, cálido y protegido, permitiéndole poner toda su atención en el paisaje y en el sendero, sin importar lo que el termómetro o las nubes decidan hacer.
La regla de oro del senderista experimentado contradice la intuición inicial de muchos principiantes: la protección no reside en llevar la chaqueta más gruesa y pesada del armario, sino en la inteligencia de combinar varias prendas finas y técnicas. Este enfoque estratégico se conoce universalmente en el mundo outdoor como el sistema de las 3 capas.
El objetivo de esta metodología va más allá de simplemente "no tener frío"; se trata de lograr una termorregulación activa. Durante una actividad al aire libre, el cuerpo pasa por ciclos drásticos: genera una gran cantidad de calor y humedad durante el ascenso (fase activa) y se enfría rápidamente al detenerse o al ser expuesto al viento (fase pasiva).
Un abrigo único y grueso carece de versatilidad: si el senderista siente calor, quitárselo implica quedar totalmente expuesto a los elementos. Por el contrario, el sistema de capas funciona como un termostato manual que permite gestionar dos factores críticos: la temperatura corporal y la evacuación de la humedad.
El secreto de este sistema no está solo en los tejidos, sino en el aire. Al superponer prendas, se atrapan capas de aire caliente entre ellas. Este aire actúa como el mejor aislante térmico posible. Cuantas más capas se utilicen, más aire se retiene y más calor se conserva. Si la temperatura sube, basta con retirar una capa para liberar ese aire caliente acumulado y refrescar el cuerpo de manera controlada.
Aunque se profundizará en cada una en los siguientes capítulos, es vital entender la función sinérgica de cada capa:
La gran ventaja de este sistema es su modularidad. Permite adaptarse a los microclimas de la geografía chilena en tiempo real.
En resumen, el sistema de 3 capas es la estrategia más inteligente para regular la temperatura, transformando la vestimenta en un equipo dinámico que responde a las necesidades fisiológicas del deportista y a los caprichos de la naturaleza.
Conocida técnicamente como base layer, esta es la prenda que va en contacto directo y constante con el cuerpo. A menudo subestimada, es el cimiento sobre el que se construye todo el sistema de confort: si la primera capa falla, las demás no podrán compensar el desequilibrio térmico. Su misión principal no es generar calor, sino gestionar la humedad para mantener la piel seca.
El cuerpo humano suda para enfriarse, pero en ambientes fríos o ventosos, esa humedad se convierte en un riesgo. El agua conduce el calor 25 veces más rápido que el aire. Esto significa que tener la piel mojada en la montaña equivale a una pérdida acelerada de temperatura corporal. La función de una buena primera capa es actuar mediante capilaridad: sus fibras deben capturar las moléculas de sudor de la piel y transportarlas rápidamente hacia la cara exterior del tejido, donde pueden evaporarse o pasar a la segunda capa.
La recomendación principal y más crítica para cualquier senderista es: ¡Evitar el algodón a toda costa! Aunque es cómodo para la vida urbana, en la montaña el algodón actúa como una esponja. Sus fibras son hidrófilas (aman el agua) y pueden absorber un alto porcentaje de su propio peso en humedad. Una vez mojado, el algodón pierde toda capacidad de aislamiento, tarda mucho tiempo en secar y se adhiere a la piel, provocando un enfriamiento rápido por conducción en cuanto el senderista detiene su marcha.
La elección del material dependerá de la intensidad de la actividad y la duración del viaje:
La función de esta capa intermedia es el aislamiento. Debe atrapar el calor que genera el cuerpo mientras permite que el vapor del sudor siga saliendo hacia el exterior.
Aquí es donde entran los clásicos de Columbia:
1. La protección total: Chaquetas y parkas Impermeables
Son las prendas técnicas diseñadas para las condiciones más adversas. Su prioridad es garantizar una estanqueidad absoluta. No ofrecen aislamiento térmico por sí mismas (son finas), pero son el seguro de vida ante tormentas.
El Softshell es la solución ideal para situaciones de montaña donde el frío y el viento son constantes, pero la precipitación es ligera o inexistente.
Cuando se carga todo en la espalda durante días, cada gramo cuenta. Para expediciones largas, se debe priorizar la polivalencia y el secado rápido.
| Característica | Qué buscar |
| Transpirabilidad | Buscar ventilaciones bajo los brazos (pit-zips) y membranas que expulsen vapor. |
| Impermeabilidad | Costuras selladas y columnas de agua altas (10k o más) para climas lluviosos del sur. |
| Peso/Volumen | ¿La chaqueta se compacta? Ideal para llevarla en la mochila por si acaso. |
| Resistencia | Tejidos "Ripstop" (antidesgarro) si se va a transitar entre ramas o rocas. |